Olivos para Lola

Lola Mayenco sabe escuchar, guarda discretamente lo que sabe, que es mucho, y luego lo escribe y lo muestra en su obra. Es una perfecta anfitriona, acoge sin atosigar y sabe dar el valor verdadero a las pequeñas cosas. Hace unos bizcochos deliciosos con diminutos trocitos de manzana.

Quizás para su padre, quizás para ella, Lola me pidió que hiciera una pieza de la serie Luna y Olivos. En una mañana espléndida me ha contado en su pequeño huerto que acababan de arrancar las tomateras agotadas y que le cuesta encontrar voluntarios que le ayuden a cuidar del terruño. Su padre prefiere dar indicaciones cómodamente sentado. Dice que ya ha trabajado bastante y que a él lo único que le interesa realmente de la tierra son los olivos. Entonces entendí que para Lola los olivos son una cuestión de familia.

Ella quería una “Luna y Olivos” tallada en madera de olivo. Buscaba la esencia, el espíritu.

Puedo entenderlo. Yo estoy poseído por lo que los árabes llaman el djiinn al baher, el espíritu del mar, y lo busco por todas partes.

Pero volvamos a la pieza de Lola. En ella se trataba de abrir una puerta que la llevase y la trajese a voluntad a aquel lugar especial en el olivar, más allá del tiempo, en ningún sitio en concreto. Quizás a la infancia que es la única patria verdadera. O podría ser todo imaginación mía y lo único que quería era un pedazo de belleza para colgarlo sobre la chimenea.

 

Lola Mayenco knows how to listen, saves discreetly what she knows, that is a lot, and then she writes it and it shows in her work. She is a perfect host, welcomes without harassing and knows the true value of the small things. She prepares delicious cakes with tiny apple bits.

Maybe for his father, maybe for her, Lola asked me to make a piece of the series Moon and Olive trees. In a splendid morning has told me in her small garden that had just been removed the exhausted tomatoe plants and that it is difficult to find volunteers to help in taking care of the terroir. His father prefers to give indications comfortably seated. He said that he had worked enough and that the only thing that is really interested in are the olive trees. Then I understood that for Lola the olive trees are a family matter.

She wanted a “Moon and Olive Trees” carved in olive tree wood. She was looking for the essence, the spirit.

I can understand that. I am possessed by what arabs call the djiinn al baher, the spirit of the sea, and I look for it everywhere.

But lets return to Lola’s piece. It was a question of opening a door that could take and bring her to will to that special place in the olive grove, beyond the time, in no place in particular. Perhaps to the infancy that is the only real homeland. Or it might be just my imagination and the only thing that she wanted was a piece of beauty to hang over the fireplace.

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