Dragón

La pieza que presento en esta entrada está fuera de la línea que habitualmente sigue El zen de las cosas. Obedece al deseo de exploración de técnicas nuevas para mí. Inspirado en los biombos japoneses, en las artes decorativas del Modernismo o el Art Decó e intentando comprender las técnicas que usaba mi admirado Klimt, llegamos al dorado.

Éste no quiere ser un dorado suntuoso y no es lujo lo que quiere transmitir. El oro tiene aquí la función de aliado de la luz. Ya hablé de ello en una antigua entrada del blog. Allí contaba algo del contenido del imprescindible libro de Junichirô Tanizaki, El elogio de la sombra. Decía lo siguiente:

“Diríjanse ahora a la estancia más apartada, al fondo de alguna de esas dilatadas construcciones; los tabiques móviles y los biombos dorados, colocados en una oscuridad que ninguna luz exterior consigue traspasar nunca, captan la más extrema claridad del lejano jardín, del que le separan no sé cuántas salas: ¿No han percibido nunca sus reflejos, tan irreales como un sueño? Dichos reflejos, parecidos a una línea del horizonte crepuscular difunden en la penumbra ambiental una pálida luz dorada, y dudo que en ningún otro sitio pueda el oro tener una belleza más sobrecogedora.

Algunas veces, al pasar por delante, me he vuelto para mirarlos de nuevo una y otra vez; pues bien, a medida que la visión perpendicular va dando paso a la visión lateral, la superficie del papel dorado se pone a emitir una suave y misteriosa irradiación. No es un centelleo rápido, sino más bien una luz intermitente y nítida, algo así como la de un gigante cuya faz cambiara de color. A veces, el polvo de oro que hasta entonces sólo tenía un reflejo atenuado, como adormecido, justo cuando pasas a su lado se ilumina súbitamente con una llamarada y te preguntas, atónito, cómo se ha podido condensar tanta luz en un lugar tan oscuro”

Poco más cabe decir. Es la búsqueda de aquel resplandor fantástico lo que me ha llevado a una pieza como esta y pensando en un motivo que le hiciese justicia me decidí por el dragón.

Durante la dinastía Sung vivió en China un pintor llamado Chen Rong. Rong pintó los Nueve Dragones, considerada la mejor pintura de dragones de todos los tiempos. En esta obra pretendía mostrar la naturaleza acuática en el Tao. Chen Rong extendió un rollo de papel de quince metros y pintó escupiendo agua, mojando su gorra en tinta y embadurnándola a lo largo del rollo para formar remolineantes nubes de lluvia. Sobre este fondo nebuloso dibujó a sus dragones con las “nueve semejanzas” establecidas por los cánones de la caligrafía china: un par de cuernos de venado, una cabeza de camello, el cuello de una serpiente, el vientre de una almeja, las escamas de una carpa, patas de tigre, orejas de vaca y garras de águila extendidas que buscan alcanzar una esquiva luna-perla, que cautiva los resplandecientes ojos de los dragones.

De todas las semejanzas, me he decidido por representar sólo una, es así como surge este panel con escamas y oro. En la ventana inferior derecha la caligrafía dice “Tatsu”, dragón en japonés, por Mio Takada.

Esta incursión en terreno no conocido, da un resultado sorprendente y de momento la consideraré como pieza apócrifa. No la incluiré en la página de Zen of Things y no está previsto que se exponga. De momento descansa sobre la chimenea de casa.

The piece I introduce in this entry is outside the line that usually Zen of Things follows. It is due to my desire of exploration of new techniques. Inspired by the Japanese screens, the decorative arts of Art Nouveau or the Art Decó and trying to understand the techniques that my admired Klimt used, we get to the gilding.

This doesn’t want to be a sumptuous gilding and it is not luxury what it wants to transmit. The gold here has the function of ally of light.  I already talked about it in an ancient entry of the blog. There were some of the content of the essential book of Junichirô Tanizaki, the Praise of the Shadows. He said the following:

” And surely you have seen, in the darkness of the innermost rooms of these huge buildings, to which sunlight never penetrates, how the gold leaf of a sliding door or screen will pick up a distant glimmer from the garden, then suddenly send forth an ethereal glow, a faint golden light cast into the enveloping darkness, like the glow upon the horizon at sunset. In no other setting is gold quit so exquisitely beautiful. You walk past, turning to look again, and yet again; and as you move away the golden surface of the paper glows ever more deeply, changing not in a flash, but growing slowly, steadily brighter, like color rising in the face of a giant. Or again you may find that the gold dust of the background, which until that moment had only a dull, sleepy luster, will,as you move past, suddenly gleam forth as if it had burst into flame.
How, in such a dark place, gold draws so much light to itself is a mystery to me”

There isn’t much more to say. The search for that fantastic glow is which has led me to a piece like this and thinking of a motive that would do justice to it, I decided on the dragon.

During the Sung Dynasty a painter named Chen Rong lived in China. Rong painted The Nine Dragons, considered to be the best paint of dragons of all times. In this work he was trying to show the aquatic nature in the Tao. Chen Rong extended a 15 meters roll of paper and painted spitting water, wetting his cap in ink and daubing it along the roll to form twisted rain clouds. On this foggy background he drew his dragons with the ‘nine resemblances’ established by the canons of Chinese calligraphy: a pair of deer horns, a camel’s head, the neck of a snake, the stomach of a clam, the scales of a carp, tiger feet, cow ears and extended claws of eagle seeking to reach an elusive moon-pearl which captivates the glowing eyes of the dragons.

Of all the similarities, I decided to represent only one, this is how this panel with flakes and gold arises. In the right lower window the calligraphy from Mio Takada says “Tatsu”, dragon in Japanese.

This incursion into unknown places, gives a surprising result and at the moment I will consider it to be an apocryphal piece. I will not include it on the page of Zen of Things and it is not intended to be exhibited. At the moment it rests over the fireplace.

 

Tatsu ARS Zen of Things (8) Tatsu ARS Zen of Things (10) Tatsu ARS Zen of Things (14) Tatsu ARS Zen of Things (18)Tatsu al menjador (5)

 

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