Estanque viejo, estanque nuevo

Salvador Dalí dijo que el centro del mundo se encuentra en la estación de trenes de Portbou. Pero Dalí se equivocaba. En realidad el centro del mundo está situado en el pequeño estanque que hay en el templo zen Seikyuji, cerca de Morón de la frontera en Sevilla, a unos cincuenta metros de la puerta de la cocina, en dirección este. He pasado algunos momentos a la orilla de ese estanque y puedo asegurarlo.

Allí viven ranas y peces, también lotos, y por todas estas especies siento afinidad y predilección. Además es un polo de atracción para todos los habitantes de los secos olivares que acuden a beber y a refrescarse. El acercamiento a ese lugar, por sigiloso que se pretenda, es delatado por el sonido de la grava que lo rodea, presionada bajo los pasos, nunca lo suficientemente silenciosos. Inmediatamente las ranas que ocupan sus lugares encima de piedras y hojas, detectan la presencia perturbadora y a continuación se produce el momento glorioso: saltan al agua y huyen, sumergiéndose, produciendo en el agua unas ondas eternas y un ruido leve pero rotundo, inapelable, definitivo. Desaparecen.

Hace muchos años Matsuo Bashô escribió un haiku, quizá el más célebre de todos, describiendo ese instante:

Un viejo estanque,

ha saltado una rana

ruido del agua.

Más tarde, el entrañable y querido Ryôkan lo reinterpretaría:

Estanque nuevo,

salta dentro una rana

y no hace ruido.

Esta es mi contribución al hecho transcendente de una rana sumergiéndose en el agua.

Obra que consta de dos piezas, dos secciones de madera de ciprés que se cortaron cuando el árbol tenía unos 130 años de edad. Las ranas están talladas en madera de tilo y las caligrafías de los haikus de Bashô y Ryôkan están caligrafiadas por Kaori Takahashi.

Estanque viejo, estanque nuevo

2013

Madera de ciprés, madera de tilo y tinta

72x65x7cm

70x67x7cm

Salvador Dali said that the center of the world is in Portbou railway station. But Dali was wrong. Actually the center of the world is located in the small pond that exist in the zen Temple Seikyuji, near Morón de la frontera in Seville, about fifty meters from the door of the kitchen, heading east. I have spent some time at the edge of this pond and I can assure you.

There frogs and fish live, also lotus, and for all these species I feel affinity and preference. It is also a center of attraction to all inhabitants of the dry olive groves who come to drink and bathe. The approach to that place, by stealth that it intends to, is betrayed by the sound of the gravel that surrounds it, pressed under the steps, never quiet enough. Frogs that occupy their places up stones and leaves, immediately detect the disturbing presence and then the glorious moment happens: they jump into the water and run away, plunging, producing water eternal waves and a slight but resounding, unquestionable and final noise. They disappear.

Many years ago Matsuo Bashô wrote a haiku, perhaps the most famous of all, describing that moment:

An old pond,

a frog has jumped in

sound of water.

Later, the beloved and dear Ryokan would make a new version:

New pond,

jumps inside a frog

and it makes no noise.

This is my contribution to the transcendent fact of a frog diving into the water.

Work that consists of two parts, two sections of cypress wood that were cut when the tree was about 130 years old. The frogs are carved in lime tree wood and the calligraphy of the haiku of Bashô and Ryôkan are made by Kaori Takahashi.

2013

Cypress wood, lime wood and ink

72x65x7cm

70x67x7cm

taller maig 2013 115

taller maig 2013 105

taller maig 2013 123

taller maig 2013 122

taller maig 2013 124

 

taller maig 2013 121

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