Los cuatro cánones de la estética taoísta. El ritmo vital

“Okio, el famoso maestro japonés del S. XVIII, pintó un jabalí que había encontrado dormido en el bosque y quedó muy satisfecho de su obra. Un leñador que vio la pintura hirió su orgullo diciéndole que aquel jabalí más parecía enfermo que dormido: la potencia latente de sus miembros no estaba representada en el dibujo. Al día siguiente Okio recibió el mensaje de que el jabalí no se había movido del sitio y estaba muerto.”

El segundo canon clásico de la pintura china:CHI-YUN: “La circulación del chi produce el ritmo vital”

Si la resonancia es la relación de las múltiples energías del universo entre sí, el ritmo vital se refiere a la descripción de esta energía, “el Chi” que reside en todas las cosas. El artista chino, una vez conseguida la empatía, pretende captar los movimientos vitales del espíritu a través de los ritmos de la naturaleza. Este “Chi” o “Ki” para los japoneses o “Prana” para los hindúes, las “vibraciones” de los hippies. Todo lo que existe en el mundo material es una formación de esta energía primordial.

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Shen Tsung-ch’ien dice en su tratado: “Toda materia está formada de fuerza acumulada y, por lo mismo, todas las fuerzas de la naturaleza están vivas, y el artista debe reflejar a toda costa el ritmo y el movimiento vital de cada línea. La belleza de los troncos arrastrados por el agua, de una enredadera añosa o el de una hoja cayendo, se debe a que algo está sucediendo dentro de la enredadera, el tronco o la hoja caída. Todas las líneas de la naturaleza están vivas porque toda la naturaleza se mueve continuamente en alguna dirección”

La manera de ver el mundo en la filosofía china es la de un flujo constantemente cambiante. Un equilibrio sujeto a tensiones, a fuerzas que con diversas intensidades interactúan provocando así el cambio de todas las cosas, seres o situaciones. Plasmar este movimiento, describir el ritmo vital, pintar estados de ánimo, esta es la difícil tarea del maestro artista. Se ha de tener la seguridad de un solo lucero en el cielo, la serenidad insondable de un lago de hielo, se ha de pensar como el viento, imaginar como la luz, reflejar como el lago y pintar como el firmamento:

“¡Ojalá pudiese ofrecerte con esta rama de ciruelo en flor, la canción con la que temblaba esta madrugada!”

Este trabajo está destilado a partir de un fragmento del libro Textos de estética taoísta de Luís Racionero, una fuente de la que tanto he bebido y que recomiendo a todos, así mismo los cuatro cánones del arte taoísta hay que atribuirlos al mismo autor.

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