Sueño de un jardín

Algo se despierta cuando alguien experto prepara un té de calidad… de algún modo convoca a una planta muy poderosa. En el simple hecho de reunir una serie de gestos conscientes para conseguir la ancestral bebida, el hacedor se convierte en oficiante y una sencilla infusión, en un ritual. Inocentemente varias personas se reúnen para tomar un té y conversar, pero sin apenas percibirlo quedan sometidas al influjo tenue y misterioso del té. Entonces las palabras vuelan hasta tocar el corazón de los asistentes, se ahonda en sentimientos reservados y se revelan sueños íntimos, se habla de proyectos y se recuerda el pasado de una manera inusualmente sincera.

El sábado pasado Ambròs y Jing Jing nos invitaron a un té en su Teterería, el negocio que regentan con sabiduría desde hace ya unos años en Barcelona. Seguramente son los mayores conocedores del té en este país poco acostumbrado a sutilezas.

Una vez sentados en el suelo sobre cojines, Jing Jing empezó a desplegar su oficio y a medida que iba llenando los vasitos y ofreciéndonos un té tras otro, a medida que repetía los mismos movimientos tantas veces practicados, el tiempo perdía su cauce y se detenía y un pequeño dragón de la medida de un pulgar surgía de entre el vapor del té caliente y se elevaba por la estancia repartiendo inspiración.

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