La barca vacía

El duque de Lu había realizado un largo viaje para acudir a pedir consejo a Zhuangzi, el sabio incomparable. Lo encontró en una pradera jugando a la pelota con un grupo de niños. El sabio de pies descalzos siguió jugando, limitándose a hacerle al soberano una seña para indicarle que no podía interrumpir la partida. ¡Un juego es una cosa seria para los niños, como todo el mundo sabe!

Puesto que conocía la reputación del excéntrico sabio, el soberano no insistió. Se instaló con su séquito sobre unos asientos plegables que unos servidores pusieron a su disposición, y empezaron a hacer una comida campestre. Al final del partido, Zhuangzi, al tiempo que se enjugaba la frente con los faldones de su túnica, le preguntó al duque cuál era el objetivo de su visita. El soberano mandó que le sirvieran al sabio un vaso de té puerh, una inspiradora infusión de color rojo brillante: – Lu, mi país es próspero, he hecho reinar en él el orden y la justicia, yo observo la moral y los ritos ancestrales, y sin embargo oigo decir que mis ministros me critican y que mi pueblo está descontento.

El sabio aspiró largamente el aroma del precioso cuenco, saboreó a pequeños sorbos el té, y tras un hondo suspiro dijo: – Si una barca vacía va a la deriva a merced de las corrientes y se dirige contra un junco, los barqueros, incluso los más brutos, no se enfadarán y harán todo lo posible para evitarla. Supongamos ahora que la misma barca va a la deriva con un hombre a bordo. La actitud de los marineros será muy diferente. Incluso los más bonachones gritarán, gesticularán, y si el hombre no responde, si está dormido, se encolerizarán y le insultarán. Si la barca llega a chocar contra el navío, capaces serán de abordarla y dar una buena lección a su pasajero. Si la barca está llena atrae la cólera. Si está vacía no la provoca. De este modo, si arrojas por la borda a tu yo cruzarás el río de la vida sin que nadie se te oponga ni intente perjudicarte.

Y, a modo de conclusión, sin duda inspirado por el té puerh, Zhuangzi improvisó estos versos:

A aquel que no está ya apegado a sí mismo,

las formas y los seres se le manifiestan.

En sus movimientos es como el agua, inaprensible.

En el descanso es como un eco, un espejo.

A partir de “Cuentos de sabios taoístas”

 

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